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Pronunciado /stó metaxí/. Expresión griega que, literalmente, significa "en el centro" y, figurativamente, "mientras tanto". ...

Una charla con un señor mayor de veintinueve años

στο μεταξύ - 2026-05-25 09:06:00 UTC

Nota: esta entrada se me fue un poco de las manos mientras la escribía. Para su óptimo disfrute, considérenla una conversación con un señor mayor en la barra de un bar con una Cruzcampo en la mano. Gracias por su atención.



A la hora de escribir entradas para este blog, me resulta bastante complicado no acabar llenando mis documentos de texto con la negatividad que parece reinar últimamente. Cuando exploro las nuevas entradas que se suben a Bear Blog, encuentro principalmente temas relacionados con el terrible uso que se está haciendo de la tecnología, lo difícil que es vivir en estos tiempos, cómo nuestras experiencias ya no se sienten tan reales como antaño, etc. En este clima de pesimismo generalizado, un servidor se pregunta si sería adecuado cubrir temas más positivos cuando estamos rodeados de tantos problemas: la imposibilidad de construir un futuro si eres joven, la vigilancia masiva y el control a la ciudadanía a través de la tecnología, lo falso de las modas y lo vacía que se siente la vida moderna, etc.

Toda esta negatividad podría tener un gol meramente algorítmico: lo negativo vende, lo positivo no. Es más probable remover las emociones de los lectores escribiendo sobre los males a los que se enfrentan. En un estudio de la Universidad de No-Me-Acuerdo-Dónde-Lo-Leí, se demostró que tendemos a recordar las experiencias negativas más que las positivas o, dicho de otra forma, lo negativo nos estimula más. Tal vez esto se deba a un mecanismo evolutivo que nos ayuda a centrarnos en los problemas que debemos resolver; pero qué sé yo, tan sólo soy un tío cansado.

La cuestión es que toda esta negatividad puede llegar a afectarnos de formas de las que probablemente no somos conscientes. Es relativamente común encontrar vídeos hablando sobre cómo los hobbies, lo que aquí en España creo que llamamos "aficiones", se han convertido en otra forma de ganar puntitos sociales en las redes digitales que nos atrapan. Ya no disfrutamos de hacer algo, disfrutamos de que otros nos vean haciéndolo. Se nos ha inculcado la necesidad de retransmitir todos y cada uno de nuestros intereses, convirtiendo el mero disfrute en otra competición regulada por el maldito algoritmo.

¿Ves? Quería escribir una entrada hablando sobre cómo todo lo que leemos últimamente en estas plataformas nos deprime y he acabado adoptando un tono deprimente o, al menos, hablando de algo negativo. Me resulta complicado hablar de temas que realmente me interesen, temas que alegran mis días y me ayudan a seguir adelante. En su lugar, sólo hablo de lo mal que está todo. Tampoco pienso ofrecer soluciones, ya que aunque las tuviera no busco convertirme en otro de estos vende-libros o llena-podcasts que tanto me cansan. Porque, de todos modos, ¿quién narices soy yo para decirte lo que tienes que hacer con tu vida? Qué pereza de todo. Bastantes gilipolleces hay que aguantar en nuestra vida diaria como para buscar más en Internet.

Cuando leo lo que las buenas gentes escriben en esta plataforma o cuando aporto más ruido a la misma me pregunto, ¿y si la solución es abandonar Internet y a tomar por culo? Porque si te dijera que comer pizzas de pepperoni del Mercadona hace que mi barriga haga ruidos extraños, lo más normal sería aconsejarme que no comiera más pizzas de pepperoni del Mercadona, ¿no? Entonces, ¿qué narices hago en Internet si soy más que consciente del efecto que tiene sobre mi pobre cabeza? ¿Puede ser que todavía tenga esperanza de encontrar ese blog que me ilumine y me haga alcanzar el tan ansiado nirvana? Porque viendo el panorama, lo único que voy a alcanzar es el frigorífico para beberme una cerveza.

Puede ser que nos hayamos acostumbrado al chute que recibimos al leer algo negativo con lo que resonamos, pero esta tendencia hace que Internet sea un páramo de sufrimiento y quejas incapaz de aportar nada positivo a nuestras vidas. Vale, podemos encontrar alguna que otra receta y podemos aprender idiomas, escuchar música, etc. Pero el aspecto social de Internet se ha ido corrompiendo de tal manera que lo único que hacemos es bañarnos en nuestro propio sufrimiento colectivo sin siquiera plantearnos escapar del mismo.

Háblame de tus aficiones, de tus intereses, de lo que te hace reír, de lo que hace que te emociones, de aquello por lo que luchas, de aquello por lo que te gustaría luchar, de cómo lucharías para conseguirlo, pero, por el amor de Dios, cállate de una puta vez con la IA, el algoritmo y la madre que los parió. Está bien reconocer el problema, pero cuando tan sólo nos quejamos, en algún momento habrá que hacer algo. Por mi parte, lo que haré será minimizar el tiempo que paso en Internet, darme un paseo o dos, beberme una Cruzcampo, escuchar la música que hace que se me salten las lágrimas e intentar no caer en las redes del pesimismo, porque donde hay redes, hay pescadores.

El resurgimiento del catolicismo entre los jóvenes

στο μεταξύ - 2026-05-17 19:26:00 UTC

Cada vez que cometo el error de entrar en YouTube sin usar ningún medio alternativo se me bombardea con una serie de vídeos celebrando o criticando el resurgimiento del catolicismo entre los jóvenes. Esta supuesta tendencia resulta muy útil para llenar más horas de podcasts y conversaciones que llenen nuestras vidas con más ruido del que realmente necesitamos. Pero, ¿estamos realmente ante el resurgimiento de una religiosidad más tradicional?

Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos, que cada vez que veo a algún famosete criticar a la Iglesia y a todos aquellos que ven en ella una salida a los males de la vida moderna, me entran ganas de agarrar el rosario más cercano, apagar el rúter, e irme a echar una hora de adoración eucarística. El impulso está ahí, pero dudo que sea la solución. Elegir al bando contrario sólo sirve para reforzar las dicotomías artificiales que interesan a unos pocos y nos afectan a la mayoría.

Entiendo perfectamente por qué el catolicismo y sus promesas resultan tan tentadoras y liberadoras para una juventud a la que se le ha arrebatado todo sentimiento de tradición y trascendencia. Yo también pasé por lo mismo. La belleza de las iglesias y el arte sacro contrasta con el nihilismo tecnológico y la basura que es el arte moderno; el rígido sistema moral católico sirve como una gran alternativa al relativismo moral que nos corroe como sociedad; y, evidentemente, saberse parte de una gran familia universal sirve de antídoto contra la mayor oleada de soledad y depresión jamás vivida por los jóvenes.

Toda esta estructura puede ser de utilidad para algunos, pero dudo que se trate de una solución realmente beneficiosa (aunque todavía la considere una forma de vida más sana que la que se nos vende desde los púlpitos de la tecnocracia). Tan sólo puedo hablar desde mi experiencia. Sentirse atrapado por un sistema de pensamiento para buscar refugio en otro sistema similar no era lo que andaba buscando, aunque tardase años en darme cuenta. Pasé de tener miedo de pensar o decir ciertas cosas a tener miedo de pensar y decir otras cosas distintas; la cuestión es controlar al personal. Lo importante, en definitiva, es cercenar la independencia del individuo y conducirlo hacia los objetivos de una u otra élite.

No sé ustedes, pero yo no necesito más voces tratando de convencerme de lo enormemente equivocado que estoy, bastante tengo con la mayoría de las voces presentes en Internet. De hecho, no necesitamos la figura del sacerdote (enormemente estereotipada, por otro lado) para recibir sermones, para eso ya tenemos a todos esos “creadores de contenido” que tratan de convencernos, siempre con una sonrisa, de cambiar cada aspecto de nuestra vida, desde nuestra dieta a nuestra rutina matinal. “¿No pasas una hora cada mañana mirando la chimenea que ni siquiera tienes? Lo que te estás perdiendo”. “¿Todavía usas un smartphone? Pero cómo se puede ser tan borrego, bro”. “¿Comes carne? Yo no hablo con fascistas”. “Mis pronombres son…”. Etc, etc, etc.

Pasar de pertenecer al globalismo y a la ideología woke para pasar a ser un miembro más del rebaño de otro amo no supone un avance, al menos a mi parecer. Los que antes citaban a Marx ahora citan a Chesterton o a santo Tomás de Aquino, no habiendo leído ni entendido a ninguno de ellos. Cambiar la bandera de Palestina por el emoji de una cruz en la bio de Instagram no supone un cambio realmente trascendente, sino un traslado de celda.

Este tema puede resultar muy fructífero para ciertos vende-libros, pero dudo que vayamos a ver un resurgimiento de la religiosidad que tenga más profundidad que un charco en la carretera. Mientras tanto, la parroquia de mi barrio sigue tan vacía como siempre y las buenas gentes que la sostienen ven cómo progresivamente una forma de vida tan ligada a lo que somos como nación se hunde poco a poco en las turbulentas aguas de esta realidad que nos ha tocado vivir.

Necesitamos una poesía realmente independiente

στο μεταξύ - 2026-04-25 19:22:00 UTC

Siempre que me topo con nuevos poetas en Internet, hay algo que llama mi atención. Es un elemento que muchos de los poetas actuales tienen en común: no son independientes. Una poesía realmente independiente lo es en dos aspectos: ideológica y financieramente. Si las ideas que viven en tus versos las ha elegido el poder político y no dispones de la financiación necesaria para publicar y competir en el mercado artístico, tu poesía no es independiente. Al menos no como un poeta que quiere publicar su obra. Si eres un poeta que escribe de forma privada, tan sólo tienes que preocuparte de la parte ideológica.


No nos faltan los precedentes históricos, desde la relación de Horacio con Mecenas, su benefactor, hasta la figura del poeta que producía su obra bajo el ala de una casa real, los poetas siempre han tenido la necesidad de hipotecar sus versos para poder vivir de ellos. También los hay que venden sus versos a una ideología, especialmente si esta es la mayoritaria. Históricamente, los poetas inteligentes se aprovechaban del poder para sobrevivir, usando su astucia para crear versos que pasaban desapercibidos ante la capacidad interpretativa de sus amos, teniendo de esta forma una libertad creativa algo más holgada, algo que no encontramos en los ejemplos actuales.


A día de hoy, sin embargo, vemos una figura muy curiosa: la del poeta que dice ser un antisistema mientras declama sus mal llamados versos libres frente a las banderas de las instituciones políticas que nos subyugan. Dicen, a su vez, ser anticapitalistas, pero no pierden la oportunidad de participar en eventos organizados por famosas cadenas de centros comerciales. No es mi intención perder el tiempo hablando de política, para eso ya tienen otros millares de espacios en Internet buscando captar su atención, vengo a hablarles de la necesidad de una poesía realmente libre e independiente.


Ante un momento histórico tan delicado como el nuestro, donde los gigantes tecnológicos, de la mano de los políticos, cercenan nuestras libertades a cada minuto que pasa, la necesidad de voces realmente independientes se hace más necesaria que nunca. Necesitamos plumas que versifiquen sobre los males que sufrimos a día de hoy. Necesitamos versos contra la división social creada de forma artificial, contra la progresiva pérdida de nuestras libertades, contra la falta de democracia en nuestro país (y en muchos otros), contra la oligarquía que nos gobierna, contra las influencias extranjeras que llenan nuestra tierra de ideologías ponzoñosas que destruyen lo que somos. Contra esto y mucho más, necesitamos versos independientes que den voz y belleza a esa lucha silenciosa que algunos libran y pocos ven. Necesitamos voces que narren sus revoluciones personales, el único tipo de revolución realmente posible. Necesitamos poetas independientes, no activistas paniaguados haciéndose pasar por artistas.


La existencia de plataformas de mecenazgo y crowfunding (financiamiento colectivo) ofrece a aquellos poetas que quieran ser independientes la posibilidad de publicar sus obras y recibir una remuneración por su arte sin tener que recurrir a concursos organizados por partidos políticos, subvenciones financiadas con dinero público u otras formas de venderse al poder. Con una conexión a Internet y una presencia en redes, un poeta contemporáneo tiene todas las herramientas necesarias para poder ser libre. De esta forma, el interés del público y no el poder político hará que tu poesía se publique o no.


No olvidemos que hacer un pacto con un político es como hacerlo con Satanás: siempre quieren algo a cambio, en este caso, tu independencia como artista. De esta forma, el poder tiene otra maniobra para controlar cualquier discurso disidente: si no comulgas con nosotros, no podrás vivir de tu arte. Si aceptas el pacto, tu arte dejará de serlo para convertirse en otra herramienta ideológica de control. Con este panorama, no me extraña que el principal objetivo del artista español sea vivir lamiéndole el culo al partido político que corresponda. En definitiva, este control de los artistas por parte de la clase política no deja de ser otra forma de legitimar un régimen como el nuestro, ya que resulta muy útil para los políticos tener “intelectuales” que los apoyen. Vaya circo tienen montado.


El panorama resulta desolador, pero todavía tengo la esperanza de que todo esto se puede revertir. Mientras queden voces libres, la poesía seguirá viva. Mientras tanto, un servidor les recomienda seguir leyendo a los clásicos e ignorar a todos los poetastros actuales. Yo lo hago y la verdad es que va de maravilla para cuidar de mi salud mental.


Sigan siendo independientes.


Hasta la próxima.