στο μεταξύ -
2026-08-23 19:08:00 UTC
Llevo varios días considerando abrir una cuenta en Substack. Cada vez que tengo que tomar una decisión paso bastante tiempo recopilando información para tener claro lo que estoy haciendo. Una de las cuestiones que me rondaron la cabeza fue en qué idioma debería escribir. Tras leer que Substack favorece el inglés y que su algoritmo hace que tus publicaciones sean más difíciles de descubrir si escribes en otro idioma me planteé, como es evidente, escribir en inglés, ya que es una lengua que he estudiado a nivel universitario y que además uso a diario debido a circunstancias personales. Pero esto me hizo cuestionarme lo siguiente: si el español es una de las lenguas más habladas del mundo (con más hablantes nativos que el inglés, por cierto), ¿por qué debería cambiar el idioma de mis escritos para contentar a un algoritmo? ¿Es que acaso valen menos los lectores hispanohablantes? ¿Por qué tendría que poner más cuidado en que me lean en Australia, la India o Japón antes que en Buenos Aires o en Bogotá? Estas son las cuestiones que voy a intentar desarrollar en esta entrada.
Aprender idiomas está muy bien, no me malinterpreten, pero cuando se nos pone en la tesitura de tener que dejar a un lado lo que somos para contentar a un potencial público y aceptar las directrices de un algoritmo creado por una empresa tecnológica extranjera, lo mínimo que podemos hacer es cuestionarnos si esta situación nos beneficia.
Abandonar nuestra lengua materna en pos de un supuesto crecimiento o remuneración económica es otra de las formas en las que el globalismo suprime lo local en beneficio de la grisácea e insípida realidad que buscan crear, una realidad donde las culturas locales o nacionales son suprimidas para ser reemplazadas por la “cultura” anglo del consumo y el colonialismo cultural. ¿De qué te sirve que te lean en Estados Unidos si no te conoce nadie en tu pueblo? ¿No será que somos unos siervos intentando agradar al amo? ¿A qué estamos jugando?
¿Para quién estamos escribiendo cuando escribimos en inglés? “Para todo el mundo”, podríamos responder. Pero, ¿por qué somos nosotros los que tenemos que cambiar? ¿Por qué no aprenden ellos español? ¿Por qué no usan uno de esos traductores que cada vez son más eficaces? Abandonar lo que somos para agradar a un público al que no interesamos es una de las mayores pruebas de la mentalidad servil y doblegada que muchas naciones occidentales tienen a día de hoy (al menos ese parece ser el caso en España, que es desde donde escribo). Este tipo de mentalidad se manifiesta en otros aspectos que pueden percibirse en distintos lugares de la geografía española, donde los jóvenes replican el modo de vestir de países como Estados Unidos o... Estados Unidos, porque esta no deja de ser la potencia colonial por excelencia en lo que a “cultura” se refiere (y en otros aspectos también), mientras desconocen los trajes regionales o las tradiciones de sus pueblos y regiones. Negar lo nacional y abrazar lo estadounidense se considera progresista y moderno, mientras conectar con tus raíces es un signo de retraso y opresión. Qué bien nos la han colado...
Llegados a este punto, escribir en tu idioma y reivindicar tus raíces se convierte en una necesidad cuando diversas potencias extranjeras llevan años intentando de forma activa erradicar la verdadera diversidad cultural de occidente, en especial la europea. Reivindicar lo tuyo no implica sentirse superior, esa es otra de las mentiras que nos han inculcado; defender lo que eres es el mayor gesto de amor y respeto por todo aquello que te ha hecho posible, desde tu familia hasta tu pueblo, pasando por tu país en general y todo lo que ha tenido que luchar para ser lo que es y no lo que han intentado que sea.
Este mundo en el que vivimos es enormemente interesante y nunca nos faltarán cosas que aprender, lugares que visitar, culturas de las que disfrutar pero, ¿por qué no empezar con la nuestra? ¿Por qué nos fascinamos al mirar a Japón pero no a nuestro propio país? Si nos fascinan tanto lugares como Japón es precisamente porque tienen una cultura propia que defienden y conservan, si no tan sólo serían lugares grises llenos de centros comerciales, restaurantes de comida rápida y aparcamientos; ya tenemos otros sitios a nuestra disposición si eso es lo que queremos ver.
Para resumir, el amor que siento por mi cultura y mis raíces nace del amor que siento por lo auténtico, ya sea un baile polaco, la gastronomía griega, o la arquitectura húngara. Amo lo mío porque también amo lo de los otros, siempre y cuando se trate de algo auténtico y no una copia barata impuesta por potencias extranjeras. Valorar lo ajeno tendría que hacernos valorar más lo nuestro, y no al contrario; empezar por el idioma no es una mala opción. No podemos ser auténticos en un idioma que no sea el nuestro. Tener acceso a otros idiomas es una manera estupenda de disfrutar de la autenticidad de otros lugares, pero hay más idiomas ahí fuera aparte del inglés, el cual disfruto y, repito, utilizo a diario. Por lo que a mí respecta, seguiré escribiendo, pensando y sintiendo en español, ya que eso es, en definitiva, lo que soy.